Si ya conoces la historia de la magdalena de Marcel Proust (y si no, ya tardas en leerla en este breve entrante), seguro que te preguntas a qué sabía exactamente aquel sencillo manjar que tanto significó para este célebre autor francés. Él, a través de los olores y los sabores, viajó sin moverse del sitio para trasladarse a su infancia, a un tiempo en que todo era más amable, más agradable. En resumen: más sencillo.

Antes de pasar a explicarte cómo puedes cocinar en tu propia casa la magdalena de Proust (descuida, no nos olvidaremos de contártelo), no está de más dar una pequeña perspectiva histórica sobre este dulce de apariencia tan cotidiana. Una de las leyendas acerca de su origen lo atribuye a una joven criada francesaMadeleine Paulmier, quien cocinó unos pequeños pasteles en honor del rey de PoloniaEstanislao I, en la localidad también francesa de Commercy, donde el monarca tenía una residencia, en 1755. Aún hoy en día es una de las versiones más aceptadas. Otra, en cambio, justifica la forma de concha de algunos de estos dulces asegurando que una joven llamada Magdalena se los ofrecía a los peregrinos en el Camino de Santiago.

Proust, como buen francés, sin duda se refiere a la variedad de Commercy, conocida también como petite madeleine. Una de sus peculiaridades es que no se deshace al ser mojada en un líquido, como el té del propio escritor. Para hacerla, necesitas los siguientes ingredientes, además de un molde con formas de concha:

- 2 huevos.

- 125 gramos de azúcar.

- 125 gramos de mantequilla.

- 250 gramos de harina.

- 3/4 partes de una cucharilla de extracto de vainilla.

- Una pizquita de sal.

- Un chorrito de zumo de limón.

Lo primero que hay que hacer es precalentar el horno a 190 grados. Una vez hecho esto, derrite la mantequilla y deja que se enfríe. Bate vigorosamente los huevos con el extracto de vainilla y la sal hasta que quede una mezcla ligera. Una vez hecho esto, sigue batiendo vigorosamente mientras añades gradualmente el azúcar, durante 5 o 10 minutos, hasta que quede una mezcla pálida. Acto seguido, añade la harina, previamente tamizada, en tres veces, y bate con fuerza tras cada una de ellas. Finalmente, vierte el zumo de limón e incorpora la mantequilla derretida en los bordes de la mezcla para batirla con velocidad, pero también con delicadeza. Pon un poco de mantequilla en los moldes también antes de echar la mezcla, que se cocinará en el horno durante unos 15 minutos o hasta que las magdalenas tengan un aspecto dorado y esponjoso y retíralas.

Una vez completada esta tarea, que puede resultarte más o menos complicada o agotadora según la práctica que tengas entre los fogones, de lo que no hay duda es de que te mereces un descanso. Puedes hacer como Proust: preparte un té y mojar una de tus magdalenas en él. Con suerte, tú también experimentarás un viaje a través de tus recuerdos...  

Foto: MairieSY