Es un hecho. La llegada de la primavera nos cambia. Por dentro y por fuera. Poco a poco, podemos ir abandonando las voluminosas prendas de abrigo propias del invierno y, al quitarnos por fin ese peso de encima, nuestro espíritu, abatido por la falta de luz y el frío invernales, comienza de repente a sentirse más alegremás activo. En definitiva, más vivo. Y conviene alimentarlo adecuadamente, no sólo con estampas que desbordan los sentidos. También, con los pertinentes productos de temporada.

En primavera todo renace. Los tonos amarillentos del otoño y los grises del invierno dan paso a una sinfonía de colores que despierta a nuestros sentidos de su letargo. Por supuesto, también empiezan a cambiar nuestros hábitos en la mesa. Poco a poco, vamos dejando más de lado las comidas especialmente calóricas, tan necesarias para enfrentarse a las bajas temperaturas, y aquellas que se consumen bien calientes, como las hasta ahora tan agradecidas sopas.

Aún no nos inclinamos sobre todo por alimentos fríos, como si hacemos sin apenas dudarlo cuando nos enfrentamos al tan agotador calor del verano, pero sí que nos apetecen más las ensaladas, como nuestra exquisita ensalada Vilassar que puedes ver en la foto que acompaña este texto, y las incorporamos abiertamente a nuestras comidas diarias. Muy especialmente, alimentos de temporada, como habas, guisantes, espárragos verdes y alcachofas. Hoy en día podemos disfrutar de ellos todo el año, pero ahora es su momento. También, el de las frutas rojas, como las fresas o las cerezas.

Hay más luz, tenemos más ganas de hacer cosas. Todo nos invita a levantarnos de nuestros sillones y salir a la calle. Y ya que estamos, ¿por qué no vienes a visitarnos? Con nuestros platos, cómo no, podrás saborear también la primavera.